Es un tipo de abuso emocional sutil en el que el agresor busca que la víctima dude de su propia percepción, memoria o cordura. El objetivo es invalidar las emociones de la otra persona para obtener control o evadir la responsabilidad de sus propios actos.
- Quien ejerce esta manipulación suele utilizar expresiones para desautorizar al otro, tales como:
- Negación de la realidad: «Eso nunca pasó, te lo estás inventando».
- Invalidación emocional: «Eres demasiado sensible» o «Estás exagerando».
- Ataque directo a la salud mental: «Estás loco/a», «Necesitas ayuda profesional» o «Nadie te va a creer porque no estás bien».
- Recibir estas acusaciones de forma sistemática puede causar daños graves, entre ellos:
- Pérdida de confianza en el propio criterio y baja autoestima.
- Aislamiento social, ya que la víctima siente vergüenza o cree que los demás también pensarán que está loca.
- Problemas de salud mental, como ansiedad severa, depresión clínica o síntomas de estrés postraumático.
Los expertos en psicología sugieren varias estrategias para protegerse:
- Confiar en la propia intuición: Si sientes que algo no está bien, probablemente no lo esté.
- No entrar en el juego: Evitar discutir sobre lo que es real con el manipulador, ya que su objetivo es la confusión.
- Buscar apoyo externo: Hablar con personas de confianza o profesionales para recuperar una perspectiva externa y objetiva de la realidad.
- Establecer límites o distancia: En muchos casos, la mejor solución es alejarse de la persona que ejerce esta violencia psicológica.

